IA: la próxima pregunta ya no es cuánto se gasta, sino cuánto se gana
Después de dos años en que el mercado premiaba cualquier anuncio de mayor inversión en inteligencia artificial, la conversación empieza a girar hacia el retorno real de esas inversiones.

En las últimas semanas ha comenzado a aparecer una nueva narrativa en Wall Street. Después de dos años en que el mercado premiaba prácticamente cualquier anuncio de mayor inversión en inteligencia artificial, algunos analistas sostienen que el ciclo está cambiando. La tesis es simple: el mercado dejará de premiar el CapEx y empezará a exigir retornos.
Es una observación razonable. Pero quizás también sea prematura.
Creo que estamos entrando en una segunda etapa del ciclo.
"Compremos IA porque no podemos quedarnos atrás."
"Muéstrame el ROI."
En las últimas semanas ha comenzado a aparecer una nueva narrativa en Wall Street. Después de dos años en que el mercado premiaba prácticamente cualquier anuncio de mayor inversión en inteligencia artificial, algunos analistas sostienen que el ciclo está cambiando. La tesis es simple: el mercado dejará de premiar el CapEx y empezará a exigir retornos.
Es una observación razonable. Pero quizás también sea prematura.
Creo que estamos entrando en una segunda etapa del ciclo.
Hasta ahora, los grandes ganadores han sido relativamente evidentes. NVIDIA vende GPUs. TSMC las fabrica. Micron aporta memoria HBM. Microsoft, Amazon y Google monetizan infraestructura en la nube. Microsoft, por ejemplo, ya obtiene ingresos crecientes mediante Azure AI, GitHub Copilot y Microsoft 365 Copilot.
Pero la verdadera pregunta está un nivel más abajo.
¿Está generando la IA suficiente valor para quienes la compran?
Es decir, ¿qué ocurre con empresas como Procter & Gamble, Coca-Cola, Walmart, Toyota o Caterpillar? Son ellas las que finalmente pagan por estas herramientas. Si la IA no mejora productividad, reduce costos o incrementa ventas de manera tangible, el ciclo completo perdería fuerza.
Pensemos en un ejemplo sencillo.
Si Procter & Gamble invierte US$100 millones al año en inteligencia artificial, pero logra ahorrar US$150 millones gracias a una mejor planificación de inventarios, optimización logística, campañas de marketing más eficientes y automatización de procesos, el retorno es extraordinario.
Si, por el contrario, solo consigue ahorrar US$20 millones, esa inversión difícilmente será sostenible.
Y esa es precisamente la discusión que dominará los próximos años.
La historia tecnológica ofrece un antecedente muy parecido.
Durante la expansión de Internet, compañías como Cisco crecieron vendiendo routers, Oracle hizo lo propio con bases de datos y SAP con software empresarial. Los proveedores de infraestructura fueron enormes ganadores.
Sin embargo, muchas empresas que compraron esa tecnología nunca obtuvieron una ventaja competitiva relevante. Tener servidores, redes o un ERP moderno no garantizaba automáticamente mayores utilidades. La diferencia estaba en quién sabía transformar esa inversión en productividad.
Con la inteligencia artificial probablemente ocurra algo similar.
Pero existe un elemento adicional que muchas veces queda fuera del debate: la mayor parte de las empresas todavía está implementando herramientas de IA generativa, no necesariamente la siguiente etapa de esta revolución.
La llamada IA agéntica promete pasar de asistentes que responden preguntas a sistemas capaces de ejecutar tareas completas con un alto grado de autonomía. No solo redactar un informe, sino recopilar información, analizar datos, razonar, coordinar distintos sistemas, tomar decisiones dentro de parámetros definidos e incluso colaborar con otros agentes especializados.
En otras palabras, dejaríamos de pedir ayuda a la inteligencia artificial para empezar a delegarle trabajo.
Sin duda habrá excesos, proyectos que fracasen y empresas que gasten más de la cuenta. Eso ocurre en todas las revoluciones tecnológicas.
Pero si en los próximos años comenzamos a ver a compañías como Coca-Cola, Procter & Gamble, Toyota o Caterpillar reportando mejoras estructurales en márgenes, eficiencia y crecimiento gracias a la IA —especialmente con la llegada de los agentes autónomos—, quizás descubramos que el enorme CapEx de hoy no fue una exageración, sino la inversión necesaria para construir la próxima plataforma tecnológica.
Porque la pregunta más importante ya no es cuánto están gastando las empresas en inteligencia artificial. La verdadera pregunta es cuánto valor económico será capaz de crear.



